Un final

Y al final abrió la boca y no pudo articular sonido alguno, la mueca de terror que se reflejaba en su rostro espantó hasta a las sombras. Un rayo de luz penetró por el techo y dio de lleno en sus ojos que, lentamente fueron perdiendo ese magnífico brillo, arrebatados ya por la negra muerte. Sus manos, quietas ahora, quedaron laxas sobre su gran pecho. Su cuerpo se convolucióno una vez más y al fin exhaló un último suspiro.
A lo lejos un ruido de pasos y angustiosos gritos quebró la quietud del ambiente, llantos y aullidos, sombras y gemidos. El tiempo corría irreversible, un segundo suicidándose tras otro, imposible volver atrás, imposible detenerse, el sol impasible siguió su eterno derrotero y el día también murió.
A lo lejos un ruido de pasos y angustiosos gritos quebró la quietud del ambiente, llantos y aullidos, sombras y gemidos. El tiempo corría irreversible, un segundo suicidándose tras otro, imposible volver atrás, imposible detenerse, el sol impasible siguió su eterno derrotero y el día también murió.

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